En esta ocasión hemos abordado el origen de las heridas. Dios, en el Edén fue el primero en infirngir una herida a Adán de donde surgiría Eva. Hemos entendido que esa herida era necesaria ya que evocaba las heridas de Cristo de donde surgiría Su Esposa, la Iglesia. También hemos aprendido que la herida practicada a Adán fue tratada con suma delicadeza y de forma correcta dicha incisión hasta su total recuperación.

Dios pretende que sus propósitos se establezcan en nuestras vidas pero nuestras heridas impiden que nos desarrollemos tal y cómo Él desea. Enmascarar y ahogar síntomas de las heridas será la normal actitud presentada en la vida cuando contrariamente Dios nos pide que demos luz a éstas para comenzar la correcta sanidad de ellas.

Ante nosotros se presentará la pesada decisión de siempre: o son mis criterios a la hora de gestionar mis heridas o son tus criterios Señor. Por sus llagas fuimos sanados, y no nos olvidemos que será de forma integral y no sólo en el ámbito físiológico.

Humildad y honestidad ante Él, a la hora de presentar nuestras heridas serán necesarios. Nuestro orgullo tenderá a impedirlo; a nadie le gusta mostrar sus debilidades, exponer heridas donde hasta el aire molesta y más, delante de otros. Pero, es necesario…

Por último, hemos comprendido que la mayoría de las heridas que albergamos proceden de nuestraas relaciones en el entorno natural que nos ha tocado vivir y que un ser herido, hiere, aunque no lo pretenda.

En definitiva, y siguiendo en imitar al Maestro y Salvador nuestro, seguimos avanzando.

Como diría Pablo:

«He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí»

En esta semana, sentimos no tener audio ya que por problemas técnicos no ha sido posible grabarlo.

En cualquier caso, si ofrecemos la presentación

Heridas

Mis mayores bendiciones y que el Señor sane!

 

@ignuevasion