Por Miguel Palomo
Facultad de Filosofía, Universidad de Sevilla

Resumen. Este artículo tiene dos objetivos. El primero es afirmar la posibilidad de la teología natural a través de las respuestas que ofrece Swinburne a Hume y a Kant. Es segundo es proponer la teología natural ramificada como una teología en la que se pueden defender cuestiones que han sido tradicionalmente relegadas a la teología revelada a través de las herramientas de la teología natural.

Palabras clave. Teología Natural, Teología Natural Ramificada, Hume, Kant, Swinburne.

Abstract. This paper has two aims. First, to claim the possibility of natural theology through Swinburne’s answer to Hume and Kant. Second, to propose ramified natural theology as a discipline where different issues that traditionally have been relegated to revealed theology can be addressed through the tools of natural theology.

Keywords. Natural Theology, Ramified Natural Theology, Hume, Kant, Swinburne.

1. Introducción

Este artículo surge de la pregunta, ¿es posible una teología natural? Los considerados padres de la iglesia, así como los escritores del Antiguo Testamento, pensaban que lo que hoy entendemos por teología natural, esto es, la defensa de la existencia de Dios y algunas de sus características a través de las herramientas del razonamiento sin la necesidad de apelar a la revelación divina, estaba disponible para todo aquel que se preguntase acerca de estas cuestiones. Sin embargo, dicha idea fue puesta en tela de juicio entre los pensadores de los siglos XVII y XVIII con la aparición de las propuestas de Hume y Kant sobre los límites de la razón.

En los últimos años ha habido un auge de posiciones en pro y en contra de dichas afirmaciones. Sin embargo, aunque respondamos afirmativamente a la posibilidad de una teología natural, puesto que ésta tradicionalmente se pregunta por cuestiones como la existencia de Dios, su omnipotencia o su eternidad, quedarían por responder cuestiones más agudas como la divinidad de Jesús, la existencia de los milagros o la doctrina de la trinidad, sobre las cuales normalmente se razona a través de la teología revelada y no a través de la teología natural. En este sentido, la teología natural tradicional a grandes rasgos solamente da pie a una posición meramente teísta. Por ello, cabría preguntarse si es posible una teología natural que no sea meramente teísta sino que sea capaz de posicionarse en aspectos claves referentes a la naturaleza y a otras características de Dios, habitualmente exclusivos de la teología revelada. Esta podría ser la tarea de la teología natural ramificada.

La necesidad de establecer la posibilidad de una teología natural y más allá, la posibilidad de una teología natural ramificada surge del auge de los nuevos ateos como Dawkins, Hawkins o Hitchens. Las argumentaciones sobre la imposibilidad de la existencia de Dios en estos autores son del siguiente tipo:

En tanto en cuanto el universo tuviera un principio, podríamos suponer que tuvo un creador. Pero si el universo es realmente autocontenido, si no tiene ninguna frontera o borde, no tendría ni principio ni final: simplemente sería. ¿Qué lugar queda, entonces, para un creador? (Hawking, 1988: 187).

El argumento de la improbabilidad [de la existencia de Dios] es el más grande (Dawkins, 2007: 123).

Uno debe dejarlo bien claro. La religión proviene del periodo de la prehistoria humana en el que nadie —ni si quiera el eminente Demócrito quien concluyó que toda la materia estaba formada por átomos— tenía la más mínima idea de qué es lo que estaba ocurriendo (Hitchens, 2007: 64).

Las posturas de estos autores, sin embargo, son un simple eco de las argumentaciones que mucho más elegantemente fueron propuestas por Hume y Kant en el siglo XVII y XVIII sobre la imposibilidad de pensar o tener conocimiento de lo trascendente y, por lo tanto, de Dios.

2. La respuesta de Swinburne a Hume y Kant

Hume defiende en Investigación sobre el conocimiento humano que todas nuestras ideas están compuestas de ideas simples derivadas de impresiones. Por impresiones entiende “todas nuestras percepciones más intensas: cuando oímos, o vemos, o sentimos, o amamos u odiamos, o deseamos o queremos. Y las impresiones se distinguen de las ideas que son percepciones menos intensas de las que tenemos conciencia, cuando reflexionamos sobre las sensaciones o movimientos arriba mencionados” (Hume, 1978: 33). A pesar de que nuestras ideas derivan de las impresiones, pueden ser formuladas ideas que no deriven de ellas, como por ejemplo: podemos tener la idea de una montaña de oro aunque nunca hayamos tenido una impresión de tal montaña, habiendo conjugado las ideas de montaña y oro, ideas simples que sí se derivan de impresiones. Pero sin embargo, Hume niega la posibilidad de que podamos obtener ideas que no provengan de estas ideas simples, las cuales son derivadas de las impresiones que adquirimos a través de nuestros órganos sensibles. Por lo tanto, la teología natural sería inviable, puesto que no podemos tener experiencia de un ser incorporal. Pero a pesar de ello, como dice Richard Swinburne:

¿Cuán generales son las ideas que podemos formar a partir de nuestra experiencia del mundo? ¿Podemos combinar la idea de una persona con la idea de una parte, la idea de no tener algo y la idea de un objeto material para dar lugar a la idea de una persona que no tiene ningún objeto material como parte suya (es decir, es no-encarnada)? Y ¿podríamos seguir aún combinando esta última idea con las ideas de poder, acción, bondad, conocimiento, creencia y la idea de una oración verdadera (todas las cuales son derivables de impresiones) para obtener la idea de una persona no encarnada que tiene el poder de hacer toda acción buena, que conoce todas las oraciones verdaderas y no cree ninguna oración que no sea verdadera? Si es así, estamos en el camino para tener una idea de Dios. Hume no hizo frente a estos problemas (Swinburne, 2012: 212).

Por otro lado, Hume también afirma que “de efectos similares inferimos causas similares”, por lo que necesitaríamos haber observado varios dioses creando varios mundos para poder inferir de la existencia de nuestro mundo un creador divino.

De efectos semejantes inferimos causas semejantes […] Que toda inferencia, Cleantes, relativa a los hechos, se fundan en la experiencia y que todas las argumentaciones experimentales están basadas en la suposición de que causas similares muestran efectos similares, y efectos similares causas  similares, es cosa que en el presente momento no voy a discutir contigo. Pero observa, te lo ruego, con qué extremada cautela proceden los buenos razonadores en la transmisión de los experimentos a casos similares. A menos que los casos sean exactamente similares, la confianza que ponen en la aplicación de sus pasadas observaciones a cualquier fenómeno dista de ser perfecta (Hume, 2004: 90-1).

Swinburne responde a Hume en base a dos puntos clave: la defensa de la existencia de causas inobservables y de las causas singulares, entendiendo causa como conjunción constante o sucesión regular. Respecto a las causas inobservables, deja patente que hoy podemos especular sobre estados atómicos que causan otros estados atómicos y que no son observables. Por otro lado, respecto a las causas individuales, afirma que nosotros mismos tenemos creencia de que causamos ciertos sucesos, tal y como puede ser el mover una mano. Por ejemplo, un suceso B (que se rompa una ventana) es causado por A (que tiremos un ladrillo a la ventana), aunque B no dependa de nosotros en modo alguno. Una y otra vez podemos causar B mediante A, y podemos ver que el hecho de que nosotros causemos un efecto intencionado puede ser aplicado a otros sucesos cuyo desarrollo escapa a nuestro control (Swinburne, 2012: 216).

Por lo tanto, nuestro concepto de causación deriva de que uno mismo cause un efecto y no de un suceso independiente, por lo que podemos afirmar que es posible que exista un agente que cause un efecto sin la necesidad de que existan otros agentes similares que causen efectos similares. Y por ello, nuestra experiencia de nosotros mismos como sustancia causando un efecto nos brinda la idea de causación que utilizamos y que conocemos; y si es lógicamente posible y probable una hipótesis simple H inobservable y única en su clase y existencia, y que los datos señalen como probable que x sea la causa de y, entonces es posible la teología natural a la luz de Hume.

Kant fue muy influenciado por Hume y por tanto sus proposiciones son parecidas en cuando a los límites del razonamiento. Al igual que Hume, Kant afirma que las intuiciones (que funcionan de modo parecido a las impresiones humeianas) las interpretamos mediante conceptos, pero puesto que las intuiciones sólo pueden ser sensibles, solamente podemos tener conocimiento al aplicar las categorías a las intuiciones. Por ello, y aunque podamos tener conceptos de objetos que no pertenecen a la experiencia, sólo podemos tener conocimiento de causas con respecto a los fenómenos sensibles observables y que muestren una repetición. Por ello, de nuevo nos topamos con la imposibilidad de una teología natural.

Sin embargo, hay dos problemas en la proposición de Kant que señala Swinburne: el primero es que Kant afirma que nuestro conocimiento del mundo depende de algunos principios necesarios (como por ejemplo que todo suceso tiene una causa), pero son precisamente ese tipo de principios los que están restringiendo nuestro conocimiento sobre el mundo. El segundo es que Kant no tuvo en consideración ninguna causa inobservable en el mundo físico porque la ciencia no se había desarrollado lo suficiente, pero como admirador de los avances científicos, seguramente habría cambiado de opinión al conocer el desarrollo de la teoría atómica, por ejemplo, así como la aparición de la teoría cuántica. Ambas teorías no parecen necesitar de la observación directa para especificar evidencias sobre fenómenos inobservables, lo cual muestra que desde la práctica científica se legitima el uso de este método de razonamiento mediante el cual es posible aprehender sucesos concretos desde la observación de los efectos producidos.

3. Qué es la Teología Natural Ramificada

Ni Hume ni Kant nos ofrecen motivos suficientes como para dejar de lado la posibilidad de una teología natural. Pero aun aceptando la posibilidad de la teología natural, lo que nos queda es una consideración de la existencia de causas inobservables de la existencia en el mundo, lo cual no nos muestra demasiado acerca del contenido de la teología natural que debemos acoger: tradicionalmente a través de la teología natural se ha cuestionado la existencia de un Dios omnipotente, omnisciente, personal, eterno y creador de la vida, pero si queremos ahondar más en la naturaleza y características de Dios, deberíamos recurrir a la teología revelada. Tomás de Aquino, por ejemplo, pensaba de este modo: que mediante el razonamiento humano podemos conocer la existencia de Dios, pero que solamente podemos conocer sus características exclusivamente mediante revelación divina. Otro ejemplo es el sensus divinitatis de Calvino, una facultad que según él tenemos para ver la mano de Dios en la creación y mediante la cual podemos reconocer su existencia. Por lo tanto, la tradición parece dejar a la teología relevada la tarea más específica sobre cómo es Dios y cómo responder ante Él, de modo que la teología revelada nos guiaría para escoger entre el cristianismo o el islam, el politeísmo o el zoroastrísmo. Sin embargo, en este artículo quiero defender que a través de las herramientas de la teología natural se pueden poner a prueba tesis que tradicionalmente se han relegado a la teología revelada, y esa es la tarea de la teología natural ramificada, a través de la cual se pueden defender afirmaciones como que Jesús resucitó, que Jesús era el hijo de Dios o la existencia de los milagros solamente utilizando el razonamiento.

Teología natural ramificada es un término propuesto por Richard Swinburne en un artículo publicado en 2004 (Swinburne, 2004) y que hace referencia a la defensa de las tesis cristianas con las herramientas de la teología natural. En este sentido, la teología natural sería el tronco, y la teología natural ramificada supondría la diferenciación de la teología natural tradicional teísta de una que abogue por un punto de vista mayormente especializado, como es el caso de la teología cristiana. En este sentido, a la teología natural ramificada a la que nos referimos en este artículo es a la cristiana, pero potencialmente podría haber otras teologías naturales ramificadas.

La teología natural ramificada utiliza como metodología el método PEL, el cual es presentado por Hugh G. Gauch en Scientific Method in Practice (Gauch, 2002). Él mismo defiende que es también la metodología de la teología natural ramificada en un artículo de la revista Philosophia Christi (Gauch, 2013). Gauch defiende que la teología natural ramificada y la ciencia comparten la misma metodología, señalando que todas las afirmaciones sobre los fenómenos que ocurren en el mundo requieren presuposiciones, evidencia y lógica (de ahí el nombre: PEL). La idea no es otorgar a la teología natural ramificada un estatus científico sino dejar patente que el método de razonamiento que sigue esta disciplina nos es familiar y, puesto que es utilizado por la ciencia, muestra también que ofrece resultados. Las conclusiones según la metodología PEL emergen de tres factores que deben presentarse siempre en conjunto, presuposición + evidencia + lógica, del siguiente modo:

Premisa 1 [Presuposición]: Ver algo implica existencia.
Premisa 2 [Evidencia]: Veo una moneda en la mesa.
Premisa 3 [Lógica]: Modus Ponens es una regla correcta de la deducción.
Conclusión: Entonces hay una moneda en la mesa (versión modificada de Gauch, 2002: 127).

A continuación paso a señalar brevemente el significado de cada uno de los factores que deben presentarse a la luz el método PEL aplicado a la teología natural ramificada:

3.1. Presuposiciones. Con esto se refiere Gauch a “una proposición cuya verdad es necesaria para la verdad o falsedad de otra afirmación”(Gauch, 2013: 288), en contraposición a la idea de que una presuposición es aquella proposición que favorece la llegada de una conclusión concreta.

3.2. Evidencia. Se refiere a la admisión de pruebas empíricas y de evidencia pública. La teología natural ramificada pone a prueba hipótesis históricas basándose en:

Evidencias históricas posteriores, o testimonio de testigos, que es la fuente de información más inmediata. Si tomamos como hipótesis que “ha habido una moneda en la mesa”, entonces la evidencia histórica posterior se basa en lo que los testigos de hecho afirman que ocurrió, así como en restos del acontecimiento, como por ejemplo que la mesa estaba llena de polvo y la moneda ha dejado un surco sin polvo en la mesa fruto de su posicionamiento, y otros acaecimientos que podrían esperarse que se diesen si de hecho fuese cierto que ha habido una moneda en la mesa.

Evidencias generales de los antecedentes. En este sentido entendemos que los antecedentes muestran indicios del acaecimiento de algún fenómeno. Por ejemplo, podríamos hablar de la costumbre que tiene una determinada persona de dejar monedas sueltas en la mesa cada vez que llega a casa. Las evidencias generales de los antecedentes pueden mostrar que la hipótesis es válida siempre bajo ciertas condiciones.

Evidencias históricas previas. Por ejemplo, una determinada persona siempre deja monedas sueltas en la mesa excepto cuando se encuentra de viaje fuera de la ciudad. Esto podría entenderse como un requisito previo: si se da la condición, entonces es improbable que la hipótesis sea verdadera, y a esto lo llamamos evidencia histórica previa.

3.3. Lógica. Se refiere a la lógica inductiva, deductiva y modal, así como estadística, probabilista, etc.

La utilidad de la teología natural ramificada con base en el método PEL es la siguiente. El hecho de defender exclusivamente una la teología revelada sin atender a una teología natural puede llevar a una irracionalidad subjetiva basada en una fe que se asienta y que solamente puede defenderse en sí misma. Y esta fe subjetiva puede llevar a una pluralidad de posiciones teológicas que se expanden hasta el infinito. Autores como Pannenberg afirman que Dios se revela en la historia, que supone una “evidencia pública y comprobable” (Pannenberg, 1991: 60) y en base a ella podemos poner a prueba las afirmaciones del cristianismo. De este modo, la clave es que a través de la teología revelada podemos conocer a Dios, tal y como nos muestra la Biblia; pero el creyente debe ser consciente de que si de hecho lo que dice la Biblia es cierto, entonces todo ello es comprobable en la historia. Por lo tanto, la teología natural ramificada puede diferenciar una teología basada en hechos históricos de una teología basada en meras suposiciones caprichosas y contingentes.

4. Conclusión

La respuesta a la pregunta que propone el artículo es clara para mí: sí necesitamos una teología natural ramificada. Primero, porque muestra que las afirmaciones sobre la imposibilidad de una teología natural son falsas. Hume y Kant afirmaban la imposibilidad de una teología natural porque no podemos obtener conocimiento más que, a grandes rasgos, de lo que nos ofrecen nuestros sentidos. Pero sin embargo, es el mismo desarrollo de la ciencia el que ha mostrado que se puede obtener conocimiento de fenómenos que no experimentamos sensiblemente, es decir: podemos deducir causas de sus efectos sin la necesidad de experimentarlas. Es posible que Kant y Hume tuviesen razón al decir que solamente podemos obtener conocimiento sobre fenómenos empíricos, pero eso no implica de ningún modo la imposibilidad de la teología natural. Segundo, porque completa a la teología natural tradicional, la cual deja demasiadas cuestiones sin responder, de modo que la teología natural ramificada da forma y completa las principales cuestiones de esta teología natural tradicional: por ejemplo, la teología natural puede afirmar la existencia de Dios, mientras que la teología natural ramificada puede afirmar que Jesús era hijo de Dios. Y tercero, porque completa a la teología revelada. La teología natural ramificada afronta tesis que tradicionalmente se habían relegado a la teología revelada a través del método de la teología natural (apelando al razonamiento) y siguiendo la metodología PEL. De este modo, se muestra que la teología revelada que habla de hechos que ciertamente ocurrieron en la historia puede ser sostenida y defendida también a través de hechos empíricos demostrables. Creo, además, que la teología natural ramificada supone un gran paso, puesto que puede mostrar la veracidad o falsedad de diferentes teologías reveladas basándose en evidencias históricas públicas compartidas por todos.

Bibliografía empleada

R. Dawkins, El espejismo de Dios (2006), Madrid, Espasa Calpe, 2007.
H. G. Gauch, Scientific Method in Practice (2002), Cambridge, Cambridge University Press, 2002.
H. G. Gauch, “The Methodology of Ramified Natural Theology”, en: Philosophia Christi, 2013 (15 II), pp. 283-298.
S. Hawking, Historia del tiempo. Del big bang a los agujeros negros (1988), Barcelona, Crítica, 1988.
Ch. Hitchens, God is not Great: the Case Against Religion (2007), Londres, Atlantic Books, 2007.
D. Hume, Investigación sobre el conocimiento humano (1748), Madrid, Alianza, 1978.
D. Hume, Diálogos sobre religión natural (1779), Madrid, Tecnos, 2004.
W. Pannenberg, Systematic Theology (1991-1998), Grand Rapids, William B. Eerdmans, 1991-1998, 3 vols.
R. Swinburne, “Natural Theology, Its “Dwindling Probabilities” and “Lack of Rapport””, en: Faith and Philosophy, 2004 (21), pp. 533-546.
R. Swinburne, “Por qué Hume y Kant se equivocaron al rechazar la teología natural” en: Estudios Filosóficos, 2012 (177), pp. 209-225.

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Miguel Palomo
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